Lo íncreíble en la Cuesta de Miranda

Hay imágenes increíbles que la mente no asocia: la tierra roja de La Rioja manchada de nieve, los cactus con copos blancos de sombreros, el asfalto empapado por el hielo que el sol acaba de derretir. La Cuesta de Miranda es el tramo de la ruta 40 que conecta Villa Unión y Chilecito. Hace aproximadamente un año empezó a ser asfaltada. Antes era un camino angosto de ripio que pocos se animaban a cruzar. Por eso, todavía hay hombres y tractores trabajando sobre los últimos kilómetros. Frenan de 12 a 13, a la hora del almuerzo, y ese es el único momento en el que el camino queda abierto para el paso de los autos. Después, vuelve a cerrarse hasta las 19.

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No esperaba ver sobre el fondo de la ruta un escenario completamente blanco. Ni siquiera sabía que en La Rioja nevaba. Pero nos explicaron que esta zona es la excepción por su altura. Empezamos el recorrido y llegamos a Los Tambillos. Un hombre que está parado al lado de su auto nos hace señas. Nos dice que un policía le explicó que por el momento no se puede avanzar porque el camino está congelado. Por lo que tenemos que esperar.

Hay muñecos de nieve que acaban de nacer a los costados de las casas. Hay árboles de los que cae la nieve como fruta. Hay una escuela y en la puerta están paradas unas cinco o seis maestras: hoy ningún chico pudo venir a clases porque el camino hasta el Chilecito, de donde es la mayoría, está cubierto de nieve. Además, el edificio no tiene luz ni gas.

– Acá cada tanto nos quedamos sin luz. No sé a dónde se la llevarán- dice un hombre de unos 50 años. Él y unas treinta familias viven en el pueblo. Nos cuenta que la nieve este año se apuró y llegó dos meses antes: la esperaban como siempre para julio, pero ayer cerca de las cinco de la mañana empezó a caer. El lugar parece uno de esos adornos de bolas transparentes que cuando uno los agita empieza a nevar y el paisaje se vuelve blanco.

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El policía, que vuelve a aparecer en la ruta, nos avisa que ya podemos seguir, que el trayecto que falta ya puede transitarse. Empezamos a subir y si bien el camino está cubierto de nieve, hay una huella gruesa, como de ruedas de camión, que nos abre paso.

Cuando nos acercamos al punto más alto de la cuesta, a 2040 metros de altura, veo que hay un auto frenado y un hombre está subido al paredón que hace de borde de esta ruta. Pienso que seguro se está sacando una foto.  Pero mientras avanzamos él y su compañero de viaje empiezan a sacudir los brazos, miramos sin entender mucho hasta que entendemos: el auto se atornilla a un asfalto completamente congelado.

– ¿Qué se pensaban que habíamos parado a sacarnos una foto?- nos dice uno de ellos entre risas y nos explica que hace más de una hora que están frenados. El cemento tiene una capa de hielo encima y ni siquiera se puede pisarlo sin tambalear un poco. Nos damos cuenta que no queda otra opción más que aguantar hasta que el sol derrita la nieve.

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Nuestros compañeros en la espera son de San Juan y Mendoza. Son comerciantes viajeros, venden artículos de limpieza por las distintas provincias de Cuyo y el Norte. Hace años que hacen este trayecto, lo conocen casi a la perfección pero nunca lo habían visto así.

Aproximadamente una hora después, y con dos autos más estancados cerca nuestro, vemos que una hilera de agua corre por el extremo izquierdo de la ruta. Unos tres o cuatro autos empiezan a venir en sentido contrario y pasan con éxito por ese costado de hielo derretido. Y ahora sí con ese empuje volvemos a intentar. Después de unos resbalones avanzamos y cruzamos finalmente el punto más alto de la Cuesta de Miranda.

Empieza la bajada y el trayecto con menor dificultad. Siento que ahora sí puedo relajarme y mirar tranquila por la ventana. Estampas de rojos y blancos, con cactus y plantas de verdes secos. Bajamos a un mirador y veo cómo las huellas de mis borcegos se graban con tierra sobre la nieve.

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Y pienso que esa es una imagen que nunca habría imaginado. Una de esas imágenes increíbles que la mente no ve como creíble. Volvemos al auto y terminamos de hacer la última parte del recorrido. Mientras nos acercamos a Chilecito Baldo me mira y se ríe.

– Fue buenísima tu cara de felicidad durante todo el camino. Parecías una nena de cinco años.

Será que después de todo, viajar puede hacernos sorprender como cuando eramos chicos, porque hace de esas imágenes increíbles algo creíble.

INFO ÚTIL

Es importante en época de nevadas consultar en Villa Unión cómo está la ruta antes de salir. También conviene hacer lo mismo en la comisaría de Los Tambillos.

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Comments 4

  1. MONICA
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    EXCELENTE RELATO, MUCHAS POR COMPARTIR SU EXPERIENCIA, EN JULIO PIENSO CRUZAR CON MI AMIGA POR LA CUESTA DE MIRANDA… VEREMOS COMO NOS VA. ABRAZO!!!!

    18 junio, 2016
    • cualquierotraparte
      cualquierotraparte
      Reply

      Gracias, Mónica! Qué lindo, se van a encontrar con mucha más nieve que nosotros! Qué tengan lindo viaje 🙂

      23 junio, 2016
  2. Los cinco mejores tramos de la ruta 40 – Cualquier Otra Parte
    Reply

    […] en la parte más alta de la cuesta porque el camino estaba congelado (pueden leer el relato acá). Por eso, les recomendamos consultar en Villa Unión o en la comisaría de Los Tambillos, un […]

    10 agosto, 2016
  3. Guía para viajar desde Chilecito hasta Cachi por la Ruta 40 – Cualquier Otra Parte
    Reply

    […] Atención especial al tramo que hay que recorrer para llegar a Chilecito. Es uno de más lindos de la 40 y se llama Cuesta de Miranda. Nosotros hicimos el camino, que nace en Villa Unión, en mayo. Para sorpresa nuestra, y de todos los lugareños, el lugar estaba completamente nevado. Nos contaron, que la nieve llega comúnmente varios meses después (pueden leer el relato de nuestro paso por la Cuesta de Miranda acá). […]

    10 octubre, 2016

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