Eso que llamamos casa

Nunca le pude decir casa. Este lugar, en el que vivo hace 8 años, nunca lo sentí casa. Claro que esto lo digo hoy, después de una carrera universitaria abandonada, un terciario terminado, cinco trabajos, una decena de amigos nuevos, tres relaciones de mentira, una verdadera. Lo digo hoy que la fascinación se convirtió en desilusión, que todo lo que me sorprendía de esta ciudad ahora me harta. Buenos Aires nunca fue mi casa. Será por eso que nunca quise marcar las  paredes de este cuarto en el que duermo, donde no hay cuadros, ni adornos, ni fotos. Tampoco compré cortinas, ni pinté esa repisa de pino que sostiene mis libros. Esa repisa desde la que Roberto Arlt me dice que “la ciudad de uno es una, nada más; el corazón no se puede partir en dos pedazos”, y pienso si es posible que estos libros y esta repisa sepan desde hace tiempo que algún día iba a irme.

Buenos Aires es una ciudad enojada, a veces tiene días buenos, pero la mayoría de ellos está enojada. Es una ciudad en la que no hay cielo, no hay nubes que rasguen lo celeste, ni flecos de luz que cuelguen del sol, ni una aureola titilante que custodie a la luna hinchada. El techo de esta ciudad está tapado por cientos de edificios; es una ciudad sin cielo. En Buenos Aires hay casi tres millones de habitantes repartidos en 200 kilómetros cuadrados, es decir,  en cada kilómetro cuadrado hay más de 14 mil personas. Sin embargo, pocas veces vi tanta gente junta sintiéndose sola. Sin embargo, pocas veces me sentí sola entre tanta gente junta. Es como si al estar pegados se nos hiciera más fácil ignorarnos. Buenos Aires es una ciudad que, la mayoría de las veces, me suena a canciones tristes. O tal vez yo sea la triste y por eso me invente las canciones.

Porque cuando me vine a vivir acá no había canciones tristes de fondo. Debe haber sonado una de esas canciones que nos hacen sentir un poco capaces de todo, aunque sea por un par de minutos. Me mudé a Buenos Aires porque quería escribir. O seguir haciéndolo, porque desde que tengo recuerdos claros en mi memoria me veo escribiendo. Pero yo quería vivir de escribir, que es distinto. Seguir escribiendo pero que haya alguien que me pague por hacerlo y haya otro que tenga ganas de leerlo. Trabajé de escribir y se sintió demasiado distinto a cuando simplemente escribía. Trabajar de escribir fue, por momentos, una mierda.

cielotandil este
El cielo de Tandil.

Pienso que quizás sea necesario alejarnos para acercarnos. Tomar distancia para entender, para ver el todo completo, para encontrar qué es eso que llamamos casa. Creo que irnos es la única manera que tenemos de conocernos a nosotros mismos, de crear el camino propio, de probarnos para ver cómo respondemos cuándo lo que nos rodea no es cómodo, cuando las personas son distintas.  Creo que es la única manera que tenemos de encontrar lo que buscamos aunque a veces ni siquiera sepamos qué es lo que buscamos.

Y supongo que por eso me fui de Tandil, donde está mi casa, y supongo que por eso ahora me voy de Buenos Aires. Porque las dos perdieron lo único que alguna vez tuvieron en común: el poder de sorprenderme. Esa sensación con la que se quedan las primeras veces, que se siente como si la piel se hiciera muy finita y el espacio que está ahí afuera pudiera tocarnos. Y de alguna manera extraña eso se siente bien. Y se siente único, porque es único: la primera vez que vimos a las olas revolcarse en el mar, la primera vez que sentimos la arena en nuestros pies, la primera vez que el viento nos empujó la cara, la primera vez que una montaña altísima nos hizo pensar que somos simplemente una pequeña parte de un todo inmenso.

Quiero primeras veces, aunque eso me de miedo. Porque es lo que se supone tiene que sentir una persona de 26 años que deja un trabajo prolijo, con un sueldo en blanco, una obra social y tres semanas de vacaciones. Y creo, por eso lo siento. Díganme loca, hippie o irresponsable, pero prefiero desarmar mi vida, morirme de miedo mientras lo hago, antes que conformarme. Porque ese es mi auténtico miedo: conformarme. Despertarme un día, con 80 años, siendo pobre de recuerdos.

Pienso en los finales, pienso en los principios. Y pienso que terminan siendo la misma cosa. Puntos que se clavan en nuestra vida para transformarla, agujerearla, marcarla para siempre. Son decisiones que cambian todo lo que se supone tenía que ser. Y es por eso que da miedo. Porque no estamos acostumbrados a no tener ni la menor idea de qué es lo que puede pasar.

 

La primera vez que pensé en este viaje estaba en Barcelona mirando una computadora que me mostraba a Baldomero sentado frente a otra computadora prendida en Buenos Aires. Entre los dos, un océano, 10 mil kilómetros, las ganas, los sueños. Nos creíamos traspasar la pantalla y por momentos teníamos ganas de pedirles a todos que desaparezcan por un rato y nos presten al mundo solito, pelado, vacío, sólo para nosotros. Y fue en ese momento que nos animamos a hacernos una promesa: algún día renunciaríamos a nuestros trabajos, dejaríamos Buenos Aires y nos iríamos de viaje.

Ese que estaba del otro lado de la pantalla es mi novio, mi mejor amigo, la persona en la que más creo –algo que me parece lindo, pero también me asusta-, la persona que más me conoce – algo que me asusta, pero también me parece lindo- . Él es la persona que me enseñó que las personas también pueden ser lugares. Un lugar en el que el miedo desaparece, un refugio. Un lugar en el que nunca me siento sola. Un lugar en el que siempre hay alguien que no ignora. El único lugar que conozco que cada tanto, se siente como mi casa.

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Comments 6

  1. Trinidad
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    Déjense guiar por su instinto. Ese es mi consejo. Digan mucho que sí. Les va a ir muy bien! Buenas rutas, buenos vientos a través de sus dedos! 🙂

    26 octubre, 2015
    • cualquierotraparte
      cualquierotraparte
      Reply

      Gracias, linda! Nos vemos en unos meses =)

      28 octubre, 2015
  2. Leito
    Reply

    Es increíble y maravilloso encontrar personas que no solo piensan como uno, sino que son capaces de poner en palabras los sentimientos (que también y principalmente comparto) con una facilidad como la que acabo de leer.
    Viste cuando lees algo y pensas “si si, sé exactamente de lo que hablas”? Bueno, eso mismo me pasó acá. Y genera alegría que haya gente que se de cuenta de que la verdadera vida está ahí afuera nomas, esperando que la vivamos y se anime a vivirla, de una buena vez, mientras otros seguimos atrapados, amarrados, reprimiendo esa necesidad tan grande e importante.
    Gracias por compartir lo que viven, chichos. Ojalá sigan haciéndolo, porque a mí, por lo menos, me da placer leerlos y siento que vivo un poco a través de su viaje (vida).

    Saludos, y un abrazo fuerte para Baldito!!!

    27 octubre, 2015
    • cualquierotraparte
      cualquierotraparte
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      Qué lindo lo que escribiste! Gracias, Leo!

      28 octubre, 2015
  3. Lia
    Reply

    Una gran escritora, capaz de hacer sentir piel de gallina con lo que escribis, ganas de volar, y una inmensa libertad!

    Vuelen y vuelen alto, tan alto como puedan!
    Quiero saber mas!

    LQM!

    27 octubre, 2015
    • cualquierotraparte
      cualquierotraparte
      Reply

      Gracias, Lichi! Qué tierna!

      28 octubre, 2015

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