Dónde dormir gratis mientras viajás (con perro incluido)

Siempre tuvimos en claro que para un viaje largo sin-fecha-de-regreso como el que queríamos hacer, íbamos a tener tres grandes gastos: nafta, comida y alojamiento. Pero a medida que empezamos a sumar kilómetros y restar pesos, nos dimos cuenta que lo ideal era ahorrarse alguno. Y si hay algo que es posible es viajar y dormir gratis (incluso con perro).

Estos ejemplos son en base a nuestra experiencia (pero eso no quiero decir que sean las únicas posibilidades):

 

Parques Nacionales

No son muchos -al menos lo que están sobre la ruta 40- pero hay algunos Parques Nacionales que tienen áreas de acampe gratuitas. Además, como si eso fuera poco, tienen las mejores vistas.

En el Parque Nacional Los Alerces hay muchos lugares para dormir, algunos pagos y otros gratuitos. Nosotros estuvimos seis días en los que dormimos en éstos dos campings libres.


En el Parque Nacional El Leoncito, que conocimos desviándonos un poco de la 40, también hay un área de acampe gratuito con baños y duchas con agua caliente incluidos.

Campings gratuitos

Tampoco abundan pero hemos encontrado en el camino algunos campings gratuitos. En Gobernador Gregores (Santa Cruz) y Belén (Catamarca) dormimos en los campings municipales que además de no tener costo aceptan mascotas (increíble).

 

Estaciones de servicio

Son muchos los viajeros que arman sus carpas en las estaciones de servicio, por lo que cuando hemos preguntado si podíamos armar nuestras carpas ahí nos recibieron excelente. Cuando volvíamos de visitar Punta Tombo, elegimos un pueblito marcado en el mapa para pasar la noche. Pero cuando llegamos ahí, el pueblo consistía en una estación de servicio y un par de casas. Ningún alojamiento ni camping. Terminamos armando la carpa al costado de la estación.

 

Comisarías y galpones

Gran parte de nuestro viaje lo hicimos en temporada baja, cuando prácticamente no hay turistas y por lo tanto, los campings están cerrados. Eso nos pasó en Mendoza y como tampoco encontrábamos algún alojamiento que aceptara mascotas y se ajustara a nuestro presupuesto, nos acercamos a la comisaría. Les preguntamos si podíamos armar la carpa en la plaza que estaba ahí cerca para pasar la noche, y nos dijeron que era una zona muy insegura. Pero nos ofrecieron armar la carpa en el patio de la comisaría.

En el patio de la comisaría
En el patio de la comisaría

Cuando fuimos al Valle de la Luna, llegamos en plena tormenta y las excursiones que te llevan a recorrer el lugar estaban suspendidas. Queríamos esperar hasta el día siguiente para ver si mejoraba el tiempo y podíamos hacer el paseo –cosa que no pasó- pero los alojamientos en el pueblo más cercano, Baldecitos, eran muy caros. Nos acercamos a una oficina de turismo y el hombre que trabaja ahí los fines de semana nos ofreció armar nuestra carpa en el galpón de Vialidad Nacional. Esa noche llovió muchísimo,  pero nosotros ni nos enteramos.

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Puestos al costado de la ruta

Confieso que tenía miedo de dormir al costado de la ruta, pero en Chos  Malal encontramos este puestito hecho para las personas del lugar que recorrer largas distancias con sus animales. Armamos la carpa adentro y hasta pudimos hacer un fuego. La única persona que se nos acercó en medio de la noche fue un hombre a caballo que estaba buscando a una vaca que se le había perdido.

Vagones abandonados

Habíamos leído en algunos blogs que en Tres Cruces había una estación de ferrocarril abandonada con los vagones casi intactos en los que se podía pasar la noche. Después de llegar a La Quiaca, fuimos hasta ahí y encontramos este rincón que fue nuestra casa por unas cuantas horas. Una de las más cómodas que encontramos por ahí =)

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Casas de personas que conocímos en el camino

Habíamos escuchado muchas historias de viajeros que terminaban alojándose en casa de personas que conocían en el camino. Incluso nos recomendaron mucho Couchsurfing, una plataforma en la que los usuarios ofrecen sus casas para hospedar a los que están de paso y tener un contacto cercano con ellos. Pero cuando la usamos no tuvimos suerte en encontrar algún anfitrión dispuesto a recibir a dos personas y un perro. Entendemos que puede llegar a ser complicado aceptar mascotas por lo que casi habíamos perdido las esperanzas de tener ese contacto tan cercano con los locales. Pero en Río Gallegos, cuando no encontrábamos camping que nos dejara quedarnos con Sheng y sufríamos por el viento frío que nos pegaba en la cara, conocíamos a Elsa. Nos invitó a dormir calentitos en su casa y como si fuera poco, a la mañana siguiente nos regaló el desayuno y dos lindas horas de charla. (Pueden el relato completo del día que conocimos a Elsa acá).


Aprendimos a PREGUNTAR

La noche anterior a llegar a La Quiaca, la pasamos en Cusi Cusi. Es un pueblito de casas de barro a unos 200 kilómetros del final de la Ruta 40 El único lugar que alquilaba habitaciones era muy caro para nuestro presupuesto y sólo queríamos pasar unas cuantas horas para descansar y seguir ruta bien temprano. Había mucho viento y  no podíamos simplemente armar la carpa en medio del camino. Le preguntamos a varios lugareños y ellos nos ayudaron. Nos dijeron que podíamos armar la carpa al costado de un Centro Integrador Comunitario, donde íbamos a estar bien reparados. Éste fue nuestro techo esa noche; uno de los cielos más increíbles que vi en mi vida y que sé nunca me lo voy a olvidar.

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Nada que envidiarle a los alojamientos pagos.

Por eso aprendimos que muchas veces hay que simplemente preguntar. En el camino hay mucha más generosidad que la que imaginamos.

 

 

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Comments 1

  1. Entrevista: Florencia, Baldomero y Sheng Long – viajeros perrunos – Viajando Vivo
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    […] Donde dormir gratis mientras viajas, con perro incluido. […]

    14 diciembre, 2016

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