100 días en Bariloche

 

Una amiga que conocí en un viaje a Barcelona me dijo una vez que las ciudades sienten. Y te quieren o te odian. No quise discutirle su teoría porque parecía muy convencida, pero me quedé pensando en esa idea. Me quedé pensando y hoy, casi cuatro años después, vuelvo a pensarlo.

Llegamos a Bariloche en diciembre para conocer y además buscar trabajo. Empezamos este viaje con los ahorros que juntamos durante un año y para ese entonces ya se nos estaban terminando. Por eso, pensamos aprovechar la temporada de verano para trabajar y después seguir ruta hasta La Quiaca. Pero no fue tan sencillo como lo habíamos imaginado.

Estuvimos tres semanas viviendo en la casa de Lichi, un amigo de Baldo. No pudimos conocer mucho la ciudad porque nos dedicamos a buscar tarabajo. Tiramos muchísimos currículums pero no tuvimos ni una entrevista laboral. Decimos seguir viaje y confiar en que el camino nos iba a presentar una solución.

Fuimos a Villa La Angostura y festejamos el cumpleaños de Baldo en el Parque Nacional Los Arrayanes. Hicimos la ruta de los Siete Lagos y pasamos un par de noches en medio de la naturaleza, algo que extrañábamos después de tantos días de casa/cama. Pasamos por San Martín de Los Andes pero no pudimos quedarnos porque los campings estaban fuera de nuestro presupuesto. Dormimos en Junín de los Andes y al día siguiente nos fuimos al Parque Nacional Lanín. Ahí empezamos el 2016, que nos dio la bienvenida con uno de los atardeceres más lindos que vi en mi vida. Llegamos hasta el monumento a la ruta 40, en Chos Malal, que queda justo en la mitad del camino. Celebramos haber completado la primera parte de nuestro viaje. Entramos en la región de Cuyo, empezamos a recorrer Mendoza. Fuimos a San Rafael pero no pudimos conocer los alrededores porque había una gran tormenta. Seguimos hasta Mendoza e hicimos el circuito de alta montaña: otro par de días de estar inmersos en la naturaleza sin conexión con nada más que nosotros mismos y ese lugar.

Cuando terminamos el trayecto y estábamos por entrar en la séptima provincia de nuestro viaje, San Juan, camino al Parque Nacional El Leoncito, vimos que teníamos varias llamadas perdidas en el celular. Un primo del amigo de Baldo nos ofrecía trabajo en Bariloche. No lo pensamos mucho después de contar la plata que nos quedaba y darnos cuenta que no era suficiente para llegar hasta La Quiaca.

Volvimos sobre más de 1300 kilómetros ya transitados. Dos días y medio de ruta después, llegamos -de nuevo- a Bariloche. Estábamos contentos porque además de trabajar íbamos a poder conocer los lugares que nos habían quedado pendientes.

Resultó que el trabajo que nos habían ofrecido no era como lo habían contado por teléfono, y la plata que podíamos ganar apenas nos alcanzaba para cubrir nuestros gastos diarios (comida y alojamiento), pero no nos permitía ahorrar para seguir con el viaje.

Estábamos en la misma situación que la primera vez que llegamos a Bariloche, sin trabajo pero con todavía menos plata. Volvimos a la búsqueda laboral y a pensar qué podíamos hacer por nuestra cuenta para juntar el dinero necesario para llegar hasta La Quiaca. Una semana después, Baldo empezó a trabajar.

Desde ese día, pasaron ya tres meses. Después de un verano entero en el sur argentino, nos despedimos de esta ciudad. Fueron unos 90 días en los que:

vimos lunas reflejarse en los lagos,

DSC_0213

DSC_0203

atardeceres,

01042016-editada

DSC_0209 (2)

DSC_0853

DSC_0016

hicimos nuevos amigos,

DSC_0040

DSC_0051

DSC_0025

hubo reencuentros,

DSC_0933

DSC_0015

DSC_0112

17012016-DSC_1356

DSC_0842

DSC_1029

DSC_1123

conocimos a Bariloche desde sus vistas panorámicas,

01042016-editada (2)

DSC_0989

DSC_1022

sus cerros,

DSC_0072

sus lagos y lagunas,

DSC_0165

DSC_0639

DSC_0645

DSC_0727

mascardi

sus bosques,

DSC_0603

su flora,

19032016-DSC_0453

19032016-DSC_0459

DSC_0448

su fauna,

20022016-DSC_0035

DSC_0578

y vivimos en una cabaña en medio del bosque.

DSC_1135

DSC_1138

Hoy nos despedimos, por segunda vez, de Bariloche. Me acuerdo de uno de nuestros primeros días, cuando fuimos a recorrer el lago Nahuel Huapi en kayak. Miré sobre mi hombro y vi el color del agua. El azul profundo no se parece a ningún otro azul. Lo miré y lo volví a mirar, como si en ese entonces ya supiera que meses después iba a estar pensando en cuánto voy a extrañar ese color. Y mientras el kayak avanzaba, vi al lago latiendo. Cada latido era una aureola de agua que crecía, empujada por el viento, y seguía creciendo. Era como si el lago fuese de repente un corazón sintiendo.

Vuelvo a pensar en esa idea de mi amiga, vuelvo a pensar en la posibilidad de que las ciudad tengan corazón. Y pienso en que ese día de diciembre, mientras el Nahuel Huapi latía bajo nosotros, Bariloche ya nos quería. 

DSC_0134 (2)

 

(Visited 294 times, 1 visits today)

Comments 1

  1. Historias de San Rafael – Cualquier Otra Parte
    Reply

    […] @cualquierotraparte_: ""Hoy nos despedimos, por segunda vez, de Bariloche. Me acuerdo de uno de nuestros primeros días, cuando fuimos a recorrer el lago Nahuel Huapi en kayak. Miré sobre mi hombro y vi el color del agua. El azul profundo no se parece a ningún otro azul. Lo miré y lo volví a mirar, como si en ese entonces ya supiera que meses después iba a estar pensando en cuánto voy a extrañar ese color. Y mientras el kayak avanzaba, vi al lago latiendo. Cada latido era una aureola de agua que crecía, empujada por el viento, y seguía creciendo. Era como si el lago fuese de repente un corazón sintiendo, un corazón queriendo". Más en el blog >>> http://cualquierotraparte.com/bariloche/  #bariloche #patagonia #argentina #sudamérica #viaje #viajeros #blogdeviajes #travel #travelphotography #wanderlust #travelblogger" […]

    2 mayo, 2016

Leave A Comment

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *